Claro que sí, mi amor: un dinosaurio vivo

Ayer iba andando por el monte con mi hijo y los perros, como cada tarde.

Pero no iba con ellos. Iba con el trabajo. Tenía un proyecto grande entre manos, mil cosas por preparar, y la cabeza se me había quedado en la mesa del despacho aunque el cuerpo ya estuviera entre pinos.

Mi hijo de 7 años me hablaba del cumpleaños de una amiga. Que quería regalarle un dinosaurio. Y no uno de juguete: uno de verdad, vivo. Me lo dijo en broma, claro, él sabe de sobra que los dinosaurios ya no están.

Y yo, sin levantar la cabeza de mis pensamientos, le dije: claro que sí, mi amor, qué buena idea, un regalo estupendo.

Se rió. Y siguió: ¿y de dónde lo sacamos? Yo: ya lo buscaremos, ya lo compraremos.

Entonces se paró en seco en mitad del camino, me miró, y me dijo:

Pero… ¿tú me estás escuchando? ¿Cómo vamos a comprar un dinosaurio de verdad vivo?

Me pilló. Entero.

No estaba con él. Estaba en mi cabeza, repasando todo lo que me quedaba por hacer, mientras me regalaba la conversación más bonita de la tarde y yo la contestaba en piloto automático.

Y eso es lo peor: estar físicamente al lado de quien quieres, asintiendo a todo, y no estar. Que te tenga que parar un niño para que te des cuenta de que llevabas un rato ausente.

Solté la To-Do List, me agaché, y le seguí el juego del dinosaurio hasta casa riéndonos a carcajadas.

Dime una cosa: ¿cuántos claro, muy bien has dicho hoy sin haber escuchado de verdad… y a quién?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.