Se pilló a medio empujón. Sin que yo dijera nada

Mi hijo siempre quiere ir el primero. A cenar, a la calle, a todas partes. Cuando mi marido nos llama a la mesa, bajamos la escalera y ahí llega: el empujón. Me aparta para pasar él delante.

Se lo he pedido tantas veces que perdí la cuenta. Que no me empuje. Que no me importa que vaya primero: que me pida paso y yo me aparto.

El otro día bajábamos y empezó el gesto. Llegó a tocarme. Y se paró solo:

Ay, perdón, perdón. No te quería empujar. ¿Me dejas pasar, por favor?

Claro que sí. Y pasó él primero, como siempre.

Me quedé un escalón por detrás, pensando en todas las veces que se lo había repetido creyendo que no servía de nada. Sí servía. Estaba trabajando por dentro, donde no se ve, hasta que un día el aviso le llegó antes que la mano.

Nadie le pidió que dejara de querer ir primero. Querer ir primero es suyo. Lo que se entrena es otra cosa: pillarse antes del empujón, y que lo que pase después lo elija él.

Con la cabeza pasa igual. Nadie te pide que dejes de querer irte. Queriendo irte se te va a pasar la vida. Lo que se entrena es pillarte antes del empujón.

¿Cuál es el empujón que tú das sin darte cuenta?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.