No mejoré el viaje. Lo dirigí

Tengo una amiga que planificó su viaje a Japón hora por hora. Vuelos con margen calculado, restaurantes reservados con semanas de antelación, la app del metro descargada.

Volvió agotada y con las mejores fotos que he visto.

Se lo dije en broma: qué bien lo montaste. Y me contestó una cosa que no era broma:

No me senté ni una vez en un banco a no hacer nada.

Hay una manera de irse que nadie llama irse. Se llama mejorar. Estar siempre puliendo algo: la ruta, el proceso, la presentación, el armario, la próxima versión de ti mismo. Y funciona: las cosas salen mejor de verdad, y encima te aplauden por ello.

El problema no es que mejores. Es que la mejora nunca deja un hueco. Siempre hay algo que afinar, así que nunca llega el momento de parar. Y si no llega el momento de parar, no llega el momento de estar.

He conocido a mucha gente así, y en parte lo soy. Optimizamos el descanso hasta convertirlo en un proyecto más. La escapada del finde con itinerario. Las vacaciones con checklist. Y el domingo por la tarde, en vez de estar en el domingo, ya estás planeando el siguiente.

Sospecho que ese pulir constante protege de algo. De lo que aparece cuando no hay nada que mejorar y te quedas ahí sentado, sin tarea.

Mi amiga no necesitaba un viaje mejor. Necesitaba 20 minutos en un banco.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste sentado sin nada que mejorar?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.