Mirarse es un verbo grande. Pillarte, uno pequeño

Me como las uñas. Desde siempre.

He pasado años intentando entender por qué. Si viene de niño. Si es el carácter. Si son los nervios, que no sé soltar de otra manera. Tengo 4 o 5 teorías. Ninguna me ha quitado una uña de la boca.

Lo que sí me la quita es más tonto. Pillarme. En el instante en que el dedo sube. Y parar. Sin discurso. Sin pregunta. Parar.

Una vez no sirve de nada. A la vez 20 del día, tampoco lo parece. A las 2 semanas, las uñas han crecido.

Y pasa otra cosa que no esperaba: cuando no me las como, estoy más tranquilo. En general. No sé si es causa o efecto. Me da igual. Es lo que quería.

Luego bajo la guardia. Apago el detector. Y vuelvo. Hay temporadas. No pasa nada: el detector se enciende otra vez.

Lo cuento con las uñas porque es pequeño y se ve. Pero el móvil en la cena es lo mismo. La reunión de mañana metida en la cabeza mientras tu hijo te cuenta algo, es lo mismo. Puedes pasarte años preguntándote por qué te vas. O puedes pillarte hoy, 1 vez, y volver.

Mirarse por dentro es un trabajo grande, y a veces hace falta. Pillarte es un gesto pequeño, y se entrena.

¿Cuál es tu uña?

Lo que acabas de leer, ¿te resuena?

Déjame tu correo y te envío dos nuevos escritos cada semana: dos piezas breves sobre pillarte huyendo y volver a habitar tu tiempo.

Te das de baja cuando quieras.

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.