Mi huida más larga duró 30 años. Tenía muy buena prensa
Cuando yo tenía 16 años, hubo un episodio muy traumático en mi familia. A partir de ahí, yo elegí la huida mejor vista de todas: ser el fuerte. El que sostiene. El que se ocupa de los demás para no mirar lo suyo.
A eso nadie lo llama huir. Lo llaman madurar.
Y ahí empieza el problema que hoy es mi oficio: hay maneras de irte de tu vida que vienen con aplauso incluido.
Trabajar más. Ocuparte de todo el mundo. Ser el que nunca falla, el que responde a las 23:00, el que aguanta el tirón cuando los demás se caen. Nadie te va a decir nunca que pares. Te van a dar las gracias, y muchas veces un ascenso.
La huida que se castiga se acaba dejando, porque duele. La huida que se premia se perfecciona. La mía funcionó tan bien que la estuve puliendo 30 años.
Lo peor no es el desgaste. Es que no se ve. La huida respetable tiene esa propiedad: puede estar ardiendo la casa y el césped sigue impecable. Por fuera, una carrera que va. Por dentro, alguien entrenado a fondo en no estar.
Con los años he entendido que ser el fuerte no era mentira. Era verdad, y era mi manera de irme. Las 2 cosas a la vez.
Hoy sigo siendo el que sostiene. Lo que cambió es que ahora me pillo cuando sostener es una excusa para no sentarme.
¿Cuál es tu huida con mejor prensa?

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.