Mi huida favorita era trabajar
Mi huida favorita era trabajar. Y nadie, jamás, me dijo que parara.
Hace años, de Sr. Manager en una consultora grande, teníamos que entregarle a un banco un panel de indicadores en una fecha cerrada. Un dashboard Lean, de esos que enseñan de un vistazo si el negocio va bien o mal. Y no estaba listo.
Esa noche se quedó conmigo un colaborador de mi equipo, uno que yo había contratado hacía pocos meses y que se desvivía por destacar. A las 4 de la madrugada le pedí perdón y le rogué que se fuera a casa a dormir. Él se fue. Yo me quedé.
La oficina, sola y a oscuras. Era uno de esos edificios inteligentes, y cada vez que me levantaba a por agua o al baño, las luces se iban encendiendo solas a mi paso, y se apagaban detrás de mí. Nadie más a quien espiar en toda la planta.
A las 9 de la mañana presenté el panel. Estaba el esqueleto, sí, pero sin el detalle al que nos habíamos comprometido. Después de toda la noche, ni siquiera me salió bien. Diría que hasta tocó la confianza del cliente. Lo sensato habría sido llamar el día antes y reprogramar la entrega. Pero no lo hice.
A los pocos días de este episodio, y de otros cuantos parecidos que lo precedieron, me caí. Un burnout con todas las letras.
Y aquí está lo que tardé años en entender, y que hoy quiero compartir contigo. No me quedé hasta el amanecer por la entrega. Me quedé porque quedarme era mi forma de huir. El trabajo sin freno era el sitio donde me escondía de lo “incómodo”, y era el escondite perfecto, porque desde fuera parecía justo lo contrario: compromiso, responsabilidad, un profesional entregado.
No suelen pararte los pies cuando la huida es el trabajo. Al revés. Te felicitan. Te ascienden. Hasta que un día el cuerpo te pasa una factura que llevaba tiempo apuntando.
Las huidas que revientan casi nunca son las que están mal vistas. Son las que todo el mundo aplaude.
No te digo que trabajes menos. Te digo que mires, alguna vez, si de verdad estás trabajando, o solo escondiéndote donde nadie te va a venir a buscar.

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.