Mi hijo me pide jugar. Hay días que no me apetece

Mi hijo me pide a cada rato que juegue con él. ¡Y me encanta! Pero hay veces que no me apetece.

Tiene 7 años y monta él solo los Lego para mayores de 12. Es buenísimo. Y cuando me pide que monte con él, no todos los días tengo ganas. Es normal. ¿A quién no le pasa?

Casi siempre acabo sentándome. Me esfuerzo en estar ahí, con él, sin irme. Pero mi cabeza se va. A cada rato, me voy a otra cosa.

Si cuento los minutos que aguanto presente, me frustro. Lo que me reconforta es otra cuenta: no tenía todas las ganas del mundo, me fui una y otra vez, pero cada vez volví.

En operaciones, donde llevo 30 años, pasa igual. Hay máquinas que se sabe que van a fallar. Por eso ningún contrato de mantenimiento promete que no fallen: promete en cuántas horas vuelven a funcionar. El fallo está previsto. Lo que se diseña es la vuelta a la operación normal. Cuanto antes.

Nuestra cabeza es así. No funciona mal cuando se va: está hecha para segregar pensamientos, igual que el estómago segrega ácido. Lo que se entrena es darte cuenta de que se te ha ido, y volver a lo que tenías delante. Cada vez más rápido. Cada vez más fácil. Y sin pelearte por haberte ido.

Así que no te preguntes cuánto rato has estado presente. Mejor cuenta las veces que te has ido y has vuelto. Ese número sí se puede apuntar. Y lo que se apunta se puede medir, y mejorar.

Hoy, ¿cuántas veces has vuelto?

Lo que acabas de leer, ¿te resuena?

Déjame tu correo y te envío dos nuevos escritos cada semana: dos piezas breves sobre pillarte huyendo y volver a habitar tu tiempo.

Te das de baja cuando quieras.

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.