A mí me sonaron los cuatro

Cuatro retratos. A ver si te reconoces en alguno. (Aviso: a mí me sonaron los cuatro.)

El eterno alumno. Este año lleva el PADE del IESE, un programa de IA para directivos y dos libros de Lencioni a medias en la mesilla. Escucha a Tim Ferriss a velocidad 1,5, porque a 1 le parece que pierde el tiempo. Esa conversación difícil que lleva 8 meses sin tener la tiene perfectamente analizada. “Déjame que investigue un poco más y lo hablamos”, dice. Y ese poco más no se acaba nunca. Sabe muchísimo de meditación. No ha meditado un solo día. El movimiento se parece tanto al avance que es fácil confundirlos.

El optimizador. Lleva un anillo en el dedo que le puntúa el sueño y se levanta de mal humor si ha sacado un 78. Cierra los círculos del reloj aunque sean las 11 de la noche y tenga que dar vueltas al salón mientras ve la serie con su mujer (ella sentada en el sofá, claro). El viaje a Japón lo planificó hora por hora: templo a las 8, comida reservada con dos meses, tren de las 18:30. Volvió agotado y con 4.000 fotos. Lo único que no hizo fue sentarse en un banco a no hacer nada. Lo ha optimizado todo, menos la única pregunta que llevaba años sin hacerse: si es feliz.

El salvador. Está cenando con su familia cuando le llama, llorando, el amigo que se está divorciando. Se levanta de la mesa y sale a atenderlo. Es el que todos llaman, y le encanta serlo. Da consejos buenísimos que no se aplica. Y de vez en cuando, a solas, le sube un resentimiento que entierra deprisa porque le da vergüenza sentirlo. Apagando incendios de los demás, no le queda tiempo para oler el humo del suyo.

El gourmet. Él no bebe, por favor, él disfruta. El Ribera que abre y deja respirar, el chuletón de vaca vieja en su punto, el gin tonic de after que se ha ganado a pulso. No es ningún farsante: lo saborea de verdad. Lo que no soporta es el rato muerto. En cuanto una conversación se pone seria, la reconduce con una broma o un “venga, que esto hay que celebrarlo”. Y nadie, empezando por él, se atreve a preguntarse si todavía la saborea o si ya solo la necesita.

La pregunta casi nunca es QUÉ haces. Es DESDE DÓNDE lo haces: si conectas con algo, o desconectas de algo. Porque cuando una virtud se convierte en el sitio donde te escondes, deja de ser virtud y pasa a ser huída.

No me lo respondas a mí: ¿alguno te ha resonado?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.