Maestro de mucho, sabio de nada
Casi todos los años, al terminar las vacaciones de verano, me visita la misma sombra.
Ya sé que este verano no ha hecho más que empezar, pero esta vez sé que la sombra no va a venir. Y todavía me cuesta creerlo.
Te cuento cómo era, porque quizá la conozcas.
Llegaba septiembre y, con él, una vocecita. Miraba hacia atrás y veía un montón de cosas empezadas. He dado clases en el instituto, así como en una de las escuelas de negocio más prestigiosas del mundo. He sido ingeniero, consultor, Sr. Manager de multinacionales. Me he subido a escenarios a actuar y a cantar, a veces con audiencias de miles de espectadores… Aprendí a acompañar a otros como mentor de startups, como Executive Coach, como teatro terapeuta gestáltico… Y, por debajo de todo, además, atravesé un lugar muy oscuro… y tuve que reconstruirme entero, pieza a pieza, sin saber si lo lograría, ni cómo saldría.
Y la vocecita, cada septiembre, me decía lo mismo: cuánto talento desperdiciado. Cuánta vida dispersa. Sabes un poco de todo y no sirves de verdad para nada. Has corrido mucho para no llegar a ninguna parte.
La creí durante años. Me sentía un saco de retales. Brillante en la superficie, vacío en el fondo. Un impostor con un buen currículum.
Hasta que, hace poco, algo encajó en silencio.
Me vi entero, por primera vez, sin trocearme. Y vi que no eran retales. Vi que por debajo del profesor, del ingeniero, del actor, del que se cayó y volvió a levantarse, había una sola cosa latiendo desde siempre, sin que yo la viera: la vocación y la pasión de comunicar, de transmitir, de acompañar.
No estaba disperso. Estaba, sin saberlo conscientemente, preparándome. Cada cosa que creí perdida era un ladrillo. Hasta lo más roto… Sobre todo lo más roto, era parte del oficio que ahora empiezo.
Nada se había tirado por la borda. Todo me esperaba, paciente, a que yo supiera mirarlo junto.
Por eso sé que este septiembre la sombra no vendrá. Porque ya no miro mi vida como un cajón de cosas sueltas, sino como un camino que, en zigzag y aparentemente a oscuras muchas veces, siempre fue hacia el mismo sitio.
Te escribo esto por si tú también te miras a veces y te ves disperso, de relleno, llegando tarde a tu propia vida.
Quizá no estabas perdido. Quizá solo no habías visto, todavía, el hilo que une todo lo que eres.

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.