La incomodidad que no se va
Hay una incomodidad que no se va.
No es la del problema concreto que tienes hoy. Es más sorda, más de fondo. A veces aprieta, a veces solo murmura… pero siempre vuelve. Y casi nadie habla de ella, así que cada uno se cree que es el único que la siente.
Lo que sí hacemos todos es lo mismo: taparla. Y lo hacemos tan bien, con cosas tan “normales y cotidianas”, que ni lo llamamos huir.
Entonces… Cuando aparece, ¿qué haces tú? ¿Te quedas un rato más acabando un tema urgente del curro? ¿O te vas a ver unos capítulos de tu serie? ¿Quizás abres la nevera a ver “qué cae”? ¿O te marcas un gym a tope? ¿O quizá le das un rato al dedo en el móvil? ¿O te sirves una copa?… O… Hasta que se pasa…
¿Te suena?
Funciona. Por eso cuesta tanto dejarlo. O ni siquiera darse cuenta. La incomodidad afloja un rato y sigues adelante, funcional, productivo, a veces hasta admirable. Son huidas respetables: nadie te las va a reprochar, al contrario.
El problema no es que no funcionen.
El problema es que la incomodidad nunca se marcha.
Vuelve mañana, con otra cara y otro detonante, y otra vez a taparla.
Y aquí está lo que a mí me costó años entender: esa incomodidad no es el enemigo. No se va a ir, y puede que ni tenga que irse. Lo único que de verdad puedes elegir es si la miras de frente un segundo, o si vuelves a huir en automático.
No es para que la resuelvas hoy. Ni siquiera que sepas de dónde viene, eso es harina de otro costal y de otro día.
Solo esto: la próxima vez que asome, antes de ir a hacer “lo de siempre”, párate un instante y mírala. Sin hacer nada. Solo mirarla… Vas a notar las ganas de taparla enseguida. Esas ganas, justo esas, son las que conviene empezar a conocer.
Puedes seguir gestionándola como lo haces ahora. Te ha funcionado hasta hoy.
O puedes, por una vez, no huir.
Tú decides.

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.