La bronca duraba más que la huida

Durante años, cada vez que me pillaba con la cabeza fuera de donde quería estar, hacía lo que me habían enseñado a hacer con todo: exigirme. Otra vez. Con la de veces que te lo has propuesto. A ver si espabilas.

La ida duraba 2 minutos. La bronca, 10.

Y aquí está lo que tardé en ver: la bronca también es irse. Mientras me reñía por no haber estado, seguía sin estar. Había cambiado la distracción por el reproche, que es un sitio peor. Mirarse sin aceptarse no afloja la tuerca: la aprieta.

Se habla mucho de la amabilidad con uno mismo. Casi siempre como palabras bonitas por la mañana, frente al espejo. A mí eso nunca me funcionó.

La amabilidad que a mí me cambió algo es más pequeña y más seca. Son 3 palabras cuando me pillo: vale, me fui. Y una cuarta: vuelvo.

Sin comentario. Sin nota al pie. Sin abrir expediente.

Parece poco. Es lo que hace que volver sea barato. Porque si cada regreso viene con bronca, el que vuelve escarmienta, y la próxima vez tarda más en volver. Nadie vuelve deprisa a un sitio donde le espera una regañina.

Trátate como tratarías al que vuelve: con la puerta abierta y sin sermón.

¿Qué te dices tú cuando te pillas fuera?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.