El tiempo que ya era mío

Ayer por la mañana, medio dormido, iba hacia el baño y pasé por delante de la habitación de mi hijo. La puerta entreabierta. Yo lo vi a él, pero él a mí no.

Él estaba haciéndose la cama. Y no de cualquier manera. Con los cinco sentidos, estirando el edredón para que no quedara ni una arruga, colocando cada peluche en su sitio exacto. Toda su atención metida en eso, sin saber que nadie lo miraba.

Me quedé quieto en el pasillo, mirándolo. No dije nada. No hacía falta.

Y me pasó algo precioso. Estaba tan metido en esa escena que casi notaba yo la tela del edredón en mis propias manos. No pensaba en el día que tenía por delante ni en nada más. Solo estaba ahí, con mi hijo y sus arrugas del edredón.

Duró algunos segundos, mágicos, llenos de dicha y gratitud… Luego seguí hacia el baño y el día se puso en marcha con ese barniz de presencia que perduró en mí toda la jornada.

Y esta es la reflexión que quiero compartir hoy contigo:

Durante años estaba convencido de que no tenía tiempo. Y era mentira… Tiempo sí que tenía. Lo que no tenía era la costumbre de meterme dentro de él como me metí ayer por la mañana en ese pasillo.

No hizo falta una escapada de fin de semana, ni esperar a las vacaciones, ni nada por el estilo. Fue de camino al baño, en un día normal y corriente. Lo único distinto es que, esta vez, estuve del todo presente, habitando ese tiempo que ya es mío.

Y estos son los momentos que, a la larga, voy a agradecerme en lo más profundo de mi ser no habérmelos perdido.

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.