El camino no se acabó. Te fuiste tú
Un directivo me contaba hace tiempo que su trabajo había dejado de tener sentido. Que ya no le llenaba. Que a lo mejor le tocaba un cambio: otro sector, otro proyecto, algo suyo.
Le pregunté cuándo había sido la última vez que estuvo de verdad en una jornada. No rindiendo: estando. Se quedó callado un rato largo.
Llevaba meses despachando su propio trabajo como quien contesta el correo de otro. En las reuniones, pensando en la siguiente. Con el equipo, con ese piloto automático fino que da la veteranía. Y de todo eso había sacado una conclusión: el camino está agotado.
A veces es verdad. Hay caminos que se cierran y toca girar, y quien lo ha vivido sabe que ese giro puede salvarte.
Pero hay otra posibilidad, menos épica, que casi nadie se atreve a mirar: que el camino siga vivo y el que se fue seas tú. Que la sensación de sinsentido no venga de lo que haces, sino de llevar meses sin estar en lo que haces. Un trabajo del que estás ausente se parece muchísimo a un trabajo equivocado. Por dentro se sienten igual.
Y la prueba es barata: antes de cambiar de rumbo, vuelve a habitar el que tienes. Un mes estando de verdad. Si después sigue sin tener sentido, cambia con toda la razón. Pero decide desde dentro, no desde la ausencia.
Cambiar de vida es caro. Volver a la tuya es gratis.
¿Tu camino se ha agotado, o llevas tiempo sin pisarlo?

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.