Desconectar no descansa

Nos venden la desconexión como si fuera descanso. Y no lo es.

La copa del viernes. La serie hasta tarde. El móvil en la mano en el sofá. El finde en el hotel con todo incluido. Te lo has ganado, dice la publicidad. Desconecta.

Durante años me lo creí. Llegaba reventado, me servía algo, encendía la tele, miraba el teléfono cada 10 minutos sin buscar nada en concreto, y a eso lo llamaba descansar.

Hasta que caí en algo incómodo: eso no era descanso. Era ausencia. Estaba en el salón, pero no estaba. Estaba con los míos, pero no con ellos.

Desconectar no me devolvía la energía. Me alejaba un poco más de lo único que de verdad descansa: estar presente. Con mi gente. Conmigo. Con lo que me importa.

No necesitamos desconectar de nuestra vida. Necesitamos conectar con ella.

Y la trampa está muy bien disfrazada, porque las huidas más peligrosas no son las escandalosas. Son las respetables. Las que nadie te recrimina. Las que hasta te aplauden.

Una pregunta: ¿cuándo fue la última vez que descansaste de verdad, y no solo te anestesiaste un rato?

Jorge Cebrian De Irueta

Jorge Cebrián De Irueta

Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.