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Hace poco una compañera me pidió ayuda con una decisión importante: un acuerdo estratégico con un proveedor. Le dije que sí, y agendamos una reunión para esa tarde.
Unas horas antes, mi jefe me pidió otra cosa: que preparara, para el final del día, el estatus de un proyecto que llevo. De esos que se te comen la cabeza.
Empezó la reunión con mi compañera. Ella me encuadraba la situación con todo lujo de detalles. Yo asentía en los sitios correctos. Y por dentro, ensayaba el estatus que venía después.
Asentir es la huida mejor educada que existe. Das la cara, das la hora. La cabeza está en otro sitio.
Me pillé. La paré un segundo, le pedí disculpas, le dije que había estado distraído. Le parafraseé lo poco que había captado y le pedí que me lo contara otra vez. Que ahora sí estaba con ella.
Fue una reunión muy productiva. Gracias a esa parada, no a pesar de ella.
Se puede dar la hora sin habitarla. Y el que tienes delante casi nunca lo dice, pero casi siempre lo nota.
La próxima vez que alguien te pida tiempo, no le des solo el hueco.
¿A quién le estás dando horas en las que no estás?

Jorge Cebrián De Irueta
Directivo de operaciones. Construyo Habita Tu Tiempo, un entrenamiento de presencia para directivos.